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+ Find me in the matinée, the dark of the matinée {E. Zero Hudson}

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+ Find me in the matinée, the dark of the matinée {E. Zero Hudson}

Mensaje por Piper L. Wagner el Sáb Feb 15, 2014 3:25 am

Un día duro solo significaba una cosa para Piper: una noche de pura fiesta para aliviar tensiones. Se había levantado con una llamada de su padre invitándola a una cena en el ayuntamiento, donde estarían todas las familias de clase alta. Su padre no parecía terminar de entender de que ella lo odiaba con cada fibra de su ser y que jamás asistiría a un evento así. Después de decirle una sarta de insultos y un buen discurso acerca de la libertad individual, colgó el teléfono y miró la hora. Las diez de la mañana, tres horas más temprano de lo que solía levantarse un sábado a la mañana. La noche del viernes había trabajado hasta las cinco de la madrugada en el Hard Rock y estaba exhausta, otra razón para estar molesta con su padre. En serio, el hombre no tenía nada a su favor. Piper no tenía ni un buen recuerdo de él, nada que pudiera unirlos como padre e hija, nada excepto el color de cabello. Aunque William Wagner se estaba quedando calvo ahora, por lo que eso tampoco los hacía parecerse demasiado. Eran polos opuestos y Piper no podía estar más feliz por ello. Jamás querría ser parte de su familia nuevamente, se había desvinculado de ellos completamente y le quedaba solamente cambiar el número de teléfono para que ya no tuvieran ningún contacto con ella. A regañadientes, se levantó y se dio una larga ducha en el diminuto baño del diminuto apartamento que se podía pagar con el salario del Hard Rock, no era mucho pero a ella le gustaba y no tenía que depender de nadie para pagar las cuentas. Piper siempre había sido independiente, y en cuanto pudo deshacerse del dinero de sus padres, lo hizo sin mirar atrás. Ella no necesitaba lujos ni comodidades, sólo su bicicleta, un techo y una cama. Nada más.

El resto del día se le pasó volando. Fue al ensayo de una banda local en una sala underground, puesto que los "ruidos molestos" estaban prohibidos. La sala quedaba al sur, más alejada de la zona residencial, y la banda no era mala en absoluto. Adoraba apoyar a las bandas locales y si por ella fuera, les daría un contrato discográfico a todos. Asumiendo, claro, que lo quisieran. Muchas bandas de punk rock californianas no estaban interesadas en ser famosas o ganar dinero, sólo querían desahogarse y gritar lo que pensaban y sentían. Y eso era lo que más le gustaba a Piper. Que no persiguieran lo comercial, sino la liberación de sí mismos. Piper cada vez se veía más y más involucrada en la causa, cada vez juntaba más y más rabia contra el gobierno y el sistema capitalista en general. Cada vez leía más autores: filósofos, misántropos, marxistas, y todos ellos tenían algo de razón, y todos ellos tenían algo en común, todos afirmaban que el ser humano no aprovechaba su potencial al cien por ciento. Pues, si así lo fuera, la sociedad no estaría tan putrefacta como lo estaba en ese momento. Las personas estaban cegadas por el poder, por su sed de dinero. La política se había transformado en pornografía barata, donde los de derecha se follaban entre ellos como cerdos, procreando y generando así más de su tipo. Le asqueaba, le asqueaba profundamente. No tenía ni idea de dónde había sacado tanta conciencia social, pero le alegraba tenerla, pues estaría perdida en las garras de la clase alta de no ser por ella.

Para la tarde/noche, ya estaba de nuevo en su apartamento, actualizando su blog con algunas fotografías que había tomado ese día y escribiendo algunas cosas mientras de fondo sonaba Franz Ferdinand a todo volumen. Lo bueno de vivir en esos edificios era que nadie molestaba a nadie, todos habían logrado una convivencia pacífica y no importaba si tenías la música a todo volumen a las cuatro de la mañana, nadie golpearía tu puerta ordenando que apagaras esa cosa. Piper estaba estresada, todo lo que estaba sucediendo en la ciudad la tenia con nudos en el cuello y pocas veces salía ya a divertirse, pues estaba muy ocupada organizando protestas o saliendo a la noche a tirarle huevos al ayuntamiento o a la casa de su padre, en lo posible tratando de darle a la ventana de su hermana. Su mirada se levantó y se dirigió a su clóset, donde ajustado vestido rojo llamó su atención. Lo había comprado hacía un tiempo para el cumpleaños de uno de sus ex novios, pues le quedaba de muerte, tal vez era hora de sacarlo a pasear nuevamente y olvidarse de Marx por un rato.

Se incorporó y acarició la suave tela, mientras una sonrisa ladeada se dibujaba en su rostro. No lo pensó más y tomó el vestido, colocándoselo y mirándose en el espejo. Sí, sin duda aún le quedaba de muerte. Miró la hora, las once de la noche. No era muy temprano para dirigirse a una disco, pero tampoco muy tarde. Se maquilló un poco, no demasiado pues le gustaba tener un look natural, se colocó unos tacones y salió en busca de un taxi. Para sorpresa de muchos, a Piper le gustaba ser femenina de vez en cuando. Ponerse bonita, utilizar tacones, preocuparse por su imagen. Era más que esa chica que utilizaba camisetas de Led Zeppellin, adentro llevaba una mujer bastante coqueta. Llegó al club "The Heat" y, para su mala suerte, el de la puerta la reconoció y le permitió pasar antes que todos. Jamás se había sentido tan avergonzada. Al entrar, se vio inmersa en un mar de gente y música electrónica que le hicieron sonreír. Eso prometía ser una noche excelente. Se dirigió a la barra, mientras volteaba un par de cabezas, y esperó a que la atendieran.

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Re: + Find me in the matinée, the dark of the matinée {E. Zero Hudson}

Mensaje por E. Zero Hudson el Dom Feb 16, 2014 11:22 pm

Resaca, así se denominaba a ese estado de malestar general después de una gran noche de desmadre y un par de cosas más. La noche anterior había metido todo lo que tuviera cerca y de fácil acceso a su cuerpo tatuado. Vodka, LCD y un habano fueron solo la primera tanda, ya para cuando querían ser las 3 de la mañana el pelinegro se encontraba bailando semidesnudo sobre la barra y pidiendo a gritos shots de tequila. Así era su vida diaria y no se sentía nada decepcionado de eso, ya se había acostumbrado y además, ¿qué clase de amargado social se quejaría por vivir de fiesta en fiesta? Porque vamos, que el ojiazul era aclamado en las fiestas locales como la atracción central. Sin él no había farra, esa era la cuestión.

Se levanto de su cama con un fuerte dolor de cabeza y una sed de los mil demonios. Su habitación apestaba a una fuerte mezcla de alcohol y cigarros, y la encargada del servicio había creído que finalmente había caído en un coma etílico, luego de estar tocando por horas para cumplir con su trabajo. Observo con atención durante al menos un minuto el reloj de pared mientras intentaba descifrar la hora, maldecía él momento en que decidió comprar uno con números romanos, cada mañana era todo un proceso entenderlos. Al final se dio por vencido, se levanto de su cama y luego de un breve mareo y tropezar con todo lo que había en el desorden de su habitación logro caminar hasta donde se encontraba su celular. Limpio cualquier signo de legaña de sus ojos con sus manos y se fijo en la hora. Las 5 de la tarde. Otra vez se había quedado dormido y faltado a clases, a ese paso nunca lograría graduarse de la universidad. Dejo el celular en su lugar y salió de su habitación dispuesto a comer algo, pero luego de rebuscar en la nevera y cocina se percato de que no había nada más que vegetales y la extraña comida que le gustaba a su madre. Se preguntaba como a una persona le podía gustar eso, digo, cenar pepinillos al horno no debe ser la cosa más deliciosa del mundo. Al final se limito a hacerse con un gran vaso de Coca-Cola y un emparedado de algo que parecía ser jamón de pavo.  Volvió a su habitación con el fin de vestirse y luego de una media hora, el Zero apuesto de todas las noches volvía al ruedo.

Las llamadas comenzaron a llegar a eso de las 7 u 8, al parecer esa noche había barra libre y tocaba algún Dj reconocido, pero no más importante que él, en el The Heat Club y todos sus compañeros de fiesta planeaban asistir. Luego de escuchar lo de barra libre no dudo en ir, eran bebidas en grandes proporciones y gratis. No porque al chico le doliera pagar el trago, el dinero le sobraba y a montones, si no porque eso significaba más gente. Más sexo fácil.

Cuando ya era lo suficientemente tarde como para que la fiesta hubiera comenzado, el pelinegro tomo su blazer negro y se dirigió hasta el lugar, no sin antes presumir de su nuevo Camaro color rojo haciendo derrapes y otras estupideces que se le podrían ocurrir a cualquier chico de su edad por el mero placer de llamar la atención.

Al llegar se podía sentir como la música retumbaba dentro del lugar. Dejo su auto en el valet parking y accedió al club sin siquiera hacer la fila. Dentro el lugar estaba repleto, no pudo evitar atraer la atención entrando de manera triunfal al lugar y saludando a cuanta persona dijera su nombre. El era Zero, le era imposible no hacerse notar. Luego de varias charlas cortas y un par de bailes un poco sensuales, decidió que era hora de un poco de alcohol en su cuerpo. Camino en dirección de la barra hasta que vio la cabellera rubia. Era ella, Piper, la causa de sus dolores de cabeza y noches en vela, la reconocería en cualquier lugar que la viera. Había pasado toda su vida jalándole el cabello y haciéndola enfadar, ahora solo le provocaba confusiones y un profundo dolor en el pecho. Tomo un poco de aire para armarse de valor y camino en dirección hacia ella mientras su mente solo repetía un “no jodas todo esta vez, Elliot”.

Cuando ya se encontraba a pocos centímetros de su cuerpo dudo de que debía hacer y casi que por instinto acerco su boca hasta el oído de la chica. — No esperaba encontrarte por aquí. — susurro aún sorprendido de que ella realmente hubiera salido de fiesta a codearse con la gente más rica de la ciudad. Acto seguido destruyo su cercanía a Piper y dio un paso más hasta llegar a la barra para hacerle señas al barman de que necesitaba dos cócteles.
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Re: + Find me in the matinée, the dark of the matinée {E. Zero Hudson}

Mensaje por Piper L. Wagner el Lun Feb 17, 2014 11:12 am

Al mirar a su alrededor con cuidado, pudo reconocer algunos rostros. Pero eso no fue algo positivo, para nada. Pues eran todos rostros de su pasado, los amigos de su hermana, los chicos que la acosaban en la secundaria, las chicas que intentaban burlarse de ella porque escuchaba música de hombres. Antes de poder darse cuenta, estaba ahogándose en un mar de gente de clase alta. ¡Que mala idea había sido ir a The Heat esa noche! ¡Sola, para peor! Podría haber llamado a Caleb para que la acompañara, podría haber ido al Transmission a ver a alguna banda, pero nooo, la señorita quería actuar como una mujer, ponerse un vestido apretado e ir a codearse con la alta sociedad. ¿No se suponía que esa gente se la pasaba en el California Club? ¿O acaso eso había cambiado también? Quería llorar, quería gritar, quería golpear a cada uno de esos rostros. Algunos le sonreían, otros la saludaban con la mano, más de uno hizo el intento de acercarse y hablarle, pero al ver la mirada asesina en sus ojos tomaron la sabia decisión de no hacerlo. Tenía que tomar una decisión y tenía que hacerlo rápido. ¿Permitiría que los juguetes de clase alta la privaran de su diversión? No, claro que no. Ella bailaría toda la noche y tomaría toda la noche ignorándolos por completo. Como lo había hecho toda su vida. Vamos, Piper, no dejes que te intimiden la animó una voz en su cabeza y ella asintió, como dándole la razón.

Estaba a punto de levantar la mano para llamar la atención del barman cuando una voz a sus espaldas la dejó petrificada. Una voz que podría reconocer en cualquier lugar, a cualquier distancia, bajo cualquier circunstancia. Elliot François Hudson, mejor conocido como Zero, su peor pesadilla... su más dulce sueño, cosa que jamás en la vida admitiría. El muchacho que le había hecho la vida imposible desde siempre, al que no soportaba y al que no podía dejar de ver como una adolescente embobada cada vez que se daba la vuelta. Sus músculos se tensaron y apretó la mandíbula y los puños, lista para lanzarle un golpe en cualquier momento. Se volteó con brusquedad, quedando frente a él y entrecerró los ojos. Aunque lo encontrara increíblemente atractivo, no permitiría que eso se metiera en su cabeza al hablar con él. El tipo era una basura, tenía que recordarlo en todo momento si quería mantener su integridad.

- ¿Qué? ¿Acaso compraste este lugar con el dinero de papi y ya no puedo entrar? -preguntó mordazmente, siempre a la defensiva. Sus ganas de deshacerle el rostro al golpe eran tan grandes como sus ganas de comérselo a besos, pero era algo que jamás podría ni debía hacer. Zero se encontraba en su lista de peores enemigos, justo debajo de su padre. Y no, no le sorprendería en absoluto que los Hudson hubieran comprado cada club en L.A. para que los rebeldes ya no tuvieran a donde ir. Aunque, para su mala suerte, por culpa de su apellido, Piper Wagner siempre tendría un lugar en la alta sociedad, lo quisiera o no. Y realmente no lo quería, lo despreciaba, le asqueaba la idea de volver a brazos de su papito y sentarse en el trono de oro que él probablemente le compraría. Porque ellos no guardaban rencores, a ellos solo les interesaba tenerte de su lado.

Un chico con el que Piper había salido cuando tenía trece años se acercó a ellos y sin decir una palabra o esperar aprobación la sacó a bailar. La rubia estuvo a punto de objetar y empujarlo tan fuerte como para darlo contra una pared, pero en cuanto se dio cuenta de que la estaba alejando de Zero cerró el pico y comenzó a bailar con el muchacho, sin despegar la mirada del morocho, claramente. Giró una y otra vez y una risita se escapó de sus labios al pensar que podría estar haciéndolo rabiar, después de todo, nadie le sacaba el centro de atención a Hudson.

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