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If the world stops believing, I'll keep believing - Piper L. Wagner

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If the world stops believing, I'll keep believing - Piper L. Wagner

Mensaje por Thomas M. Rotten el Sáb Feb 15, 2014 3:19 pm

Un hombre medio calvo y con traje formal hablaba frente a un micrófono y estaba siendo transmitido en vivo por la televisión regional. "Los rebeldes fascistas no volverán. Continuaremos luchando por la sociedad libre y pacífica que siempre hemos querido en todo el país" mentía el alcalde Wagner. Sí, era el mismo hombre que les había arrebatado su tan preciada libertad a los jóvenes de Los Ángeles y que ahora se encargaría de quitársela al resto del país. No podían permitir que los de la alta sociedad se ganaran aquel lujo. Estaba harto de ver las mentiras por la televisión y se enfermaba con tan solo escuchar al resto de sus marionetas decir que la ciudad era un lugar mejor y más seguro desde que aquel hombre se postró como alcalde de la ciudad. Tampoco podía creer que su propio padre había caído como una mosca en la telaraña del sucio político. El hombre que había admirado cuando apenas era un niño de diez años era ahora otro de los policías corruptos que se encargaban de "prevalecer la paz" en las calles golpeando y encarcelando a todo el que se le veía pasear sobre una patineta o al que mostraba su arte en las paredes de los callejones mientras que las personas que tenían los bolsillos llenos de dinero tan solo se dedicaban a mirar e incluso reírse frente a sus caras ensangrentadas. Deplorable.

El rubio que sostenía el control remoto con una mano tuvo que contenerse por no lanzarlo por los aires. La sangre le hervía. Ni siquiera pudo mirar el resto del pequeño discursito que montaba Wagner, no soportó ver a todos esos borregos que le aplaudían a un dictador como lo descerebrados que eran. ¿Cómo no podían verlo? Estaba claro a los ojos de cualquiera que el alcalde tan solo era una mentira disfrazada con un impecable traje. Terminó por apagar la televisión para después empezar a blasfemar por lo bajo. Pensó en lo que podría hacer a esas horas de la noche. Se relamió los labios cuando algo se le ocurrió. Esperaría la media noche para atacar la casa del alcalde con el pequeño armamento que aún tenía en casa. A esas horas la mayoría de la gente en la zona residencial estaba durmiendo, eso también le daba tiempo al alcalde para llegar y tratar de conciliar el sueño. Sonaba estúpido, sí, pero porque sonara así no dejaba de ser bastante divertido. Llenar de huevos podridos la casa de Wagner y su familia nunca pasaba de moda.

Comenzó sus preparativos y cuando se dio cuenta las tres horas habían pasado volando, la media noche ya había llegado y de seguro el alcalde ya estaba preparando su cama para acostarse junto a su esposa. Metió dentro de su bolso unas cuantas piedras que recogió de la playa y los globos con pintura líquida que había armado. Los huevos se habían agotado, pero él tenía bien puestos los suyos. Cogió su patineta y salió a la calle con aquel bolso al hombro. Patinó con rapidez por las partes más oscuras de las calles esperando no encontrarse una patrulla policial que lo detuviese. Los edificios fueron desapareciendo poco a poco hasta ser reemplazados en su totalidad por una cadena de grandes y lujosas mansiones. Arrugó la nariz porque detestaba aquel lugar pero luego no pudo evitar mostrar una sonrisa cuando tuvo la casa del alcalde ante sus ojos. Era la más imponente.

Se detuvo y hundió las manos en su bolso, sacó un par de globos llenos de pintura, rebotó uno en su mano derecha viendo adónde apuntar. Terminó por lanzarlo a la habitación por la que una vez el alcalde se había asomado para levantarle el puño a los rebeldes que lanzaban piedras a su casa. Dio en el blanco.
Toma eso, maldito —murmuró y lanzó el siguiente globo—. Espero estar interrumpiéndote mientras te coges a tu esposa —dijo en voz alta porque sabía que nadie lo escucharía, todos estaban dormidos.

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Re: If the world stops believing, I'll keep believing - Piper L. Wagner

Mensaje por Piper L. Wagner el Dom Feb 16, 2014 5:18 pm

"With liberty and justice for all" graffiteó rápidamente en la pared de su habitación, subrayando la palabra "all" tres veces con furia mientras en la pequeña televisión a blanco y negro su padre daba el discurso más fascista que había escuchado desde que había estudiado a Mussolini en la secundaria. No podía creer lo que se estaba filtrando por sus oídos, que aquellas palabras estuviesen sido pronunciadas y que hubiera gente que las aplaudiese, como si fueran ciertas, como si fueran justas. Como si fuera lo que la sociedad realmente mereciera, lo que el mundo realmente necesitaba para funcionar de manera pacífica y correcta. Estaban al borde de una guerra civil y Piper lo podía sentir palpitando en cada rincón de la ciudad, la tensión se podía cortar con una tijera. Y si era necesario, ella sería la maldita líder de esa guerra y lucharía contra su propio progenitor por la libertad y la justicia que había sido proclamada para absolutamente todos. Al terminar el discurso y ver la sonrisa espléndida de su padre no lo soportó más y le tiró un zapato a la televisión, lo que por suerte sólo causó una mínima interferencia en la transmisión. Se acercó al aparato y lo apagó, gritando furiosa y se tiró en la cama, pasando sus manos por su rostro.

Jamás creyó que estaría en esa situación. Jamás creyó que estaría viviendo en un pisucho que se caía a pedazos, gritando con odio por las cosas que escuchaba de su peor enemigo que resultaba ser nada más y nada menos que su propio padre. Su madre y hermana estaban sentadas a su lado, sonriendo como si fueran la reina y princesa de Inglaterra. Es que técnicamente, los Wagner ya eran realeza en California. Y ella era la desertora, la oveja negra, la mancha de tinta en la perfecta hoja en blanco de su reputación intachable. Lo cierto era que si Piper abría la boca acerca de su padre, habían un montón de delitos de los que nadie había escrito claros en su memoria. Pero se los estaba guardando, uno a uno los iría develando y le demostraría así al mundo la basura que era William Wagner. Un estafador, un fascista, un represor, y por sobre todas las cosas, un ser humano sin corazón ni consciencia. Egoísta, mentiroso, hipócrita. Todo lo que Piper aborrecía con cada fibra de su ser. Dio una patada al aire de la rabia y se incorporó de un salto. Tenía que salir, no podía quedarse encerrada en su habitación. Así no se había logrado la revolución y así no lograría nada.

Se dirigió a la cocina con intención de tomar una cerveza, pero vio una caja de huevos sin abrir al mirar en el refrigerador y tuvo una mucho mejor idea. Tal vez era hora de visitar a su familia un rato, darles un beso y abrazo de buenas noches y una buena tarea para la mañana siguiente: limpiar toda la maldita mansión que habían comprado con la sangre y sudor de otros. Tomó los huevos y los envolvió cuidadosamente en diario, eran alrededor de una docena. Acto seguido, fue a su habitación y tomó una mochila, introduciendo los huevos en ella y colgándose al hombro. Salió del apartamento llevando su BMX consigo y bajó los dos pisos casi corriendo. Cuando estuvo en la calle, montó su bicicleta y comenzó a pedalear a toda velocidad, lo más rápido que sus piernas le permitían, dejando rápidamente atrás el centro de la ciudad para adentrarse en la zona residencial. Las casas eran imponentes, pero no le impresionaban, pues ella había vivido siempre en la más grande de todas, aquella encima de la colina.

Cuando estuvo frente a su antigua casa escupió el suelo, con asco, y escondió su BMX entre unos arbustos. No fuera a ser que la atraparan y le quitaran a su bebé. Corrió escondiéndose entre las sombras, cuidándose de que los guardias no la vieran, cuando escuchó una voz masculina seguida de un golpe en una ventana. Dirigió su mirada a la ventana de la habitación de su padre y aguantó la risa al ver que tenía una mancha roja y una rajadura. Buscó al culpable de la mancha y vio a Thomas, un viejo amigo, tirando globos de pintura a la casa Wagner. Sonrió y salió de los arbustos para acercarse a él y unirse a su trabajo, pero antes de que pudiera decir nada vio a un guardia de seguridad caminando con confusión hacia él por lo que corrió y tomó su mano, tirando de él con fuerza para esconderlo entre los arbustos con ella.

- No hagas ni un sonido -susurró con voz apenas audible, mirándolo divertida y agachándose, mirando entre las hojas para ver si el guardia ya se había ido.  

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Re: If the world stops believing, I'll keep believing - Piper L. Wagner

Mensaje por Thomas M. Rotten el Dom Feb 16, 2014 11:41 pm

Estaba demasiado distraído en su labor de manchar la mansión de pintura que no había escuchado o visto a ninguna de las personas que estaban alrededor. Lanzó el segundo globo hacia la misma ventana y la mancha roja se expandió. Rió para sí mismo y se agachó para coger otro globo. Repentinamente algo lo tomó por la mano, el chico dio trompicones pero logró alcanzar su tabla. No tardó en reconocer el cuerpo de su amiga Piper, quien lo estaba arrastrando hacia los arbustos hasta esconderse. La miró confundido, pero luego entendió todo cuando dirigió la mirada hacia el mismo lugar donde la chica lo hacía. Tragó saliva y aguantó la respiración, como si el simple hecho de respirar fuera a delatarlo. Se mordió el labio inferior con diversión y aguardó al lado de la rubia conteniendo cualquier especie de risa que se le pudiera escapar. Miró con atención entre las hojas del arbusto y aguardó sin miedo. El guardia se acercó a la mochila del rubio que se encontraba en el suelo, le echó una hojeada por encima con curiosidad antes de caminar con sigilo hacia el par. Hasta un ciego los habría visto, era obvio. Aferró los dedos a su tabla de skate con fuerza al ver cómo el uniformado se acercaba lenta pero peligrosamente. El hombre parecía confundido y hasta inofensivo, pero nunca había que confiarse cuando se trataba de esos cerdos.

El guardia se paró justo delante de ellos y hurgó un poco entre los arbustos. Iba a resultar imposible que no viera el cabello escandaloso del chico. Thomas reaccionó rápido y sin pensarlo. Se puso de pie repentinamente, quedando totalmente expuesto a cualquier cosa. Levantó la tabla de skate por sobre su cabeza y la plasmó directamente en la nuca del guardia. Éste profirió un alarido que cortó el silencio antes de caer de frente e inmóvil al suelo. El chico observó el cuerpo que yacía delante de él con los ojos bien abiertos y luego esbozó una sonrisa de victoria. Volteó al guardia con un pie para dejarlo boca arriba y le propinó unas suaves patadas en el costado para asegurarse de que el cerdo no estuviera fingiendo. Se agachó frente al cuerpo y colocó dos dedos en la yugular del hombre.
Solo está noqueado —confirmó, dirigiendo la mirada hacia la cintura del guardia, viendo que estaba armado con una pistola. Desenfundó el arma y la observó unos segundos, pensando si era mejor tirarla hacia los arbustos o conservarla. Miró a la rubia desde su posición y levantó las cejas. Se incorporó y se metió el arma en el pantalón, cubriendo lo que sobraba con su camiseta—. Es solo por si acaso —comentó con una sonrisa y encogiéndose de hombros. El simple hecho de portar un arma consigo lo hacía sentir más seguro, poderoso e incluso intocable, pero no por eso la rubia se debía sentir justo lo opuesto a como se sentía él. En ese momento se estaba prometiendo usarla únicamente en casos de emergencia. Además, él jamás podría apuntar a la cabeza de un amigo.

Vamos, ahora ayúdame a ocultar el cuerpo —jamás en su vida pensó que diría esas palabras. Pasó un brazo por el hombro del guardia y espero a que la chica hiciera lo mismo del otro lado y cuando finalmente lo tuvieron más o menos de pie, lo lanzaron hacia los arbustos para que el cuerpo quedase oculto entre las hojas. Arreglado eso, se pasó una mano por la frente echándose el cabello rubio hacia atrás y soltó un suspiro. Miró con gesto divertido a la chica e hizo un movimiento con la cabeza para indicarle que lo acompañara y luego se dirigió hacia su mochila entre trotando y dando saltos. Por un segundo se preguntó por qué la chica estaba allí, pero al recordar el discurso más fascista que había dado su padre en un largo tiempo, todo encajó a la perfección y sabía exactamente qué es lo que la rubia buscaba en aquel lugar. Buscaba lo mismo que él. Le dio un par de globos a la rubia y luego señaló la mansión de su padre—. Veamos de qué estás hecha, Wagner —la voz competitiva le había salido de repente—. Cincuenta puntos si le das a las de abajo, son cien si alcanzas las de arriba —comentó apuntando con su dedo índice hacia las respectivas ventanas de la gran casa. Solía jugar eso con sus acompañantes cuando salían a hacer ese tipo de cosas y no era la primera vez que lo hacía con Piper, así que el resto de la noche prometía ser divertida.

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Re: If the world stops believing, I'll keep believing - Piper L. Wagner

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